En el siglo XX se valoraba lo uniforme. Así, los jefes se preocupaban por mantener las mismas condiciones para todos los colaboradores. “Todos iguales” era el paradigma de lo correcto, de lo justo. Una excepción era entendida como causante de conflicto.

Hagamos un ejemplo… Conversación entre una empleada y su jefe:

-Para mí es muy importante poder llevar los chicos al cole. Estaría llegando a las 9.
-Pero el horario es a las 8,30. Si te digo que sí a vos, qué me van a pedir los otros. No es posible. Premiamos a los que llegan puntualmente.

Todos lo mismo =armonía.

En el siglo XXI, el modelo mental es justamente el inverso. Lo que se valora es la diversidad, producto de la personalización. Los jóvenes prefieren las organizaciones en las que se hacen diferencias porque se entiende que la gente es diferente. ”Lo diferente” es lo que está bien. Lo “igual” es aburrido o rígido.

Escuchemos las misma conversación en una empresa moderna:

-… Estaría llegando a las 9.
– Genial, esto compensa que Luisa sale un poco más temprano para buscar a los chicos. Ya se lo comunicamos a todos.

Gran cambio en lo que se espera de los jefes: asegurar la armonía versus asegurar el trato diferenciado. Gestionar el conflicto para acallarlo versus gestionar el conflicto para sostener la diferenciación. Los jefes más valorados son los que gestionan lo diferente con armonía. Y esto requiere flexibilidad y apertura a la diversidad, una ruptura respecto de los modelos mentales antiguos. Tendrán que aprender a gestionar equipos de gente distinta, desde su formación, edad, origen, capacidades y necesidades. Tendrán que convivir con los conflictos y entenderlos como fuente de innovación, no como desorden.

Adaptación de Turbulencia Generacional, Ed. Temas

Seguiremos con con este tema la semana próxima.

 

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