“Se fue a la India, por seis meses. Sí, el mismo, el joven de alto potencial del que les había hablado la vez pasada. Lo íbamos a ascender…” Cuenta Gonzalo a sus amigos, todos profesionales gerenciando equipos en distintas empresas, en uno de sus habituales encuentros para compartir un café e intercambiar ideas.

“Pero,¿ no le propusieron el ascenso, no le hablaron del futuro?”, pregunta con curiosidad Sergio.

“Sí, claro, y le ofrecimos más dinero, pero nos dijo que su principal aspiración era viajar a la India y había reunido suficiente dinero. Aclaró que prefería aprovechar la oportunidad de hacer lo que tanto deseaba…”

“Y no saben lo que me ocurrió a mi… ya saben que en el estudio contable incorporamos contadores junior – cuenta Rodrigo – se fueron tres la semana pasada… ¡Un año entrenándolos! Pero no lo van a creer… vinieron los tres juntos a comunicarlo.¡¡¡ Nunca vi una cosa así!!! Excelentes profesionales.”

“Pero, ¿no te dijeron por qué se iban?” como siempre, Sergio, con curiosidad más que con enojo.

“Sí, el trabajo no les gusta. ¡No les gusta!!! Y ¿quién les dijo que les tiene que gustar? El trabajo se hace y listo. Una cosa es el deber y otra el placer.” Explicó Rodrigo, mostrando su enojo.

Piensa Sergio: “y claro, si te dicen que no les gusta, no hay nada qué hacer… Hay que empezar a entender qué les gusta…”

Interviene Karla para contar su caso: “Yo puedo agregar un caso a este debate… Estaba entrevistando a una joven excelente como responsable de operaciones de nuestra empresa de cosmética. Inteligente, con experiencia, capaz. Todo perfecto. Le hicimos una propuesta económica imbatible. No aceptó. Dijo que nuestra oficina quedaba lejos de su casa y no estaba dispuesta a desperdiciar tiempo en el viaje. Que estaba buscando una alternativa de mayor flexibilidad, poder trabajar desde su casa un par de días por semana…. Se lo perdió… o bien, nos la perdimos…”

“Bueno, ejem, me ocurrió algo muy fuerte con mi hijo – agregó casi con vergüenza Luis, dueño de una empresa comercializadora de seguros, padre de Juani, de 19 años – Me dijo que ni sueñe que él va a trabajar en la empresa… que no es más que un negocio de intermediación, no se agrega valor y que en el futuro todos van a contratar sus seguros por internet…. Casi me desmayo…”

 

Para el 2020, un 75% de la dotación de las empresas serán miembros de la Generación Y, llamados también los “Millennials”, los primeros nativos tecnológicos, la generación más numerosa de la historia: 2.300 millones de personas en el mundo. Hoy, en algunas empresas de servicios, los Y ya representan más del 90% de la dotación. Abanderados de nuevas tendencias macro, transformarán el mundo del trabajo, que ya está viviendo los impactos de los grandes cambios que viviremos en la próxima década.

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