1. GIGO, “Garbage in, Garbage out”

De autor desconocido, se atribuye este principio a un quizás frustrado hombre de sistemas, que notó que la información que le brindaban los sistemas estaba directamente relacionada con la calidad de los datos que se habían ingresado. El principio GIGO es trasladable a miles de situaciones cotidianas: pensemos por ejemplo en el resultado de muchas de nuestras reuniones (a las que se llega tarde, sin conocer la agenda, sin preparar los temas: a decir verdad, un “input” bastante mediocre), al resultado del gerenciamiento de proyectos (que dependen de las personas involucradas, presupuesto, recursos físicos, información, etc…).

La moraleja es: si nos preocupan los “outputs”, debemos prestar atención a la calidad de los “inputs”.

2.     El efecto Pigmalión

El mito griego dio el nombre a la siguiente teoría: las expectativas que tenemos sobre el comportamiento de los otros condicionan dicho comportamiento. Esto implica, entonces, que si pensamos que nuestros colaboradores son capaces de realizar tal tarea en forma autónoma, es muy probable que así sea. Por el contrario, si pensamos que son ineptos, dependientes, es probable que nos lo demuestren. ¿No hemos tenido experiencias de cambios rotundos en el comportamiento de colaboradores solamente con un cambio de jefe?

En síntesis, tratemos a nuestros colaboradores en base a lo que esperamos de ellos, no en base a lo que pensamos de ellos. Si no tenemos confianza en el éxito de nuestro equipo, nos convertimos en uno de los factores que determinarán su fracaso.

3.     La ley de Parkinson

Casi de casualidad, y mientras investigaba la historia de la Armada Británica, C.N. Parkinson descubrió que cuanta más gente se reclutaba, más trabajo aparecía, y sin embargo esto no implicaba una mejora en los resultados.

Recuerden la ley de Parkinson: las tareas, el trabajo, se expanden hasta ocupar la mayor cantidad de recursos disponibles. ¿Qué pasa en muchas de las empresas que, para reducir costos, se ven obligadas a desprenderse de un 20% de su personal? Muchas veces, no pasa nada.

¿Cómo podemos evitar caer en esta trampa? Planteando claros objetivos, responsables y plazos. Bajando información sobre costos. Cuestionando todo el tiempo si tal tarea es central para nuestro negocio. Teniendo siempre menos gente de la que necesitamos…y menos escritorios…

4.      El principio de Peter

Las empresas tienden a promover a sus personas hasta llevarlas a un nivel de incompetencia. El libro de Peter y Hall, El Principio de Peter, fue un bestseller de la década de los ’70. Obviamente, refleja lo que ocurre esencialmente en las empresas con empleo “de por vida”, crecimiento asociado a la antiguedad, y con muchos niveles. Afortunadamente, las compañías modernas, orientadas a resultados y con estructuras organizativas chatas, no generan hoy más ese problema.

La moraleja es: cuando promovemos a uno de nuestros colaboradores, debemos estar seguros de que su perfil y preparación es el adecuado para la nueva posición. De no ser así, seremos en parte responsables de su fracaso.

5.     La Ley del Efecto

Como resultado de investigaciones de psicólogos conductistas con foco en el éxito de los procesos de enseñanza, la Ley del Efecto plantea que los comportamientos que inmediatamente son premiados, tienden a aumentar su frecuencia. Por el contrario, aquellos comportamientos disfuncionales, inmediatamente castigados, tienden a disminuir su frecuencia.

¿Cuál es su aplicación en nuestra diaria tarea de líderes de equipos? Brinda reconocimiento inmediato, claro y frecuente. De la misma manera, considera que dar retroalimentación negativa rápida y clara frente a un comportamiento no deseado, se convierte en una oportunidad.

La moraleja: aprovecha todas las oportunidades que tenga, como jefe, de festejar los logros de sus colaboradores.