En el cambio de época, en el mundo líquido (Bauman dixit), si no hay agilidad para el cambio, estamos en el horno. En el horno, organizacionalmente, y personalmente. Dos niveles: no hay agilidad organizacional sin personas que cambian, y las personas no cambian si no hay agilidad organizacional. El huevo y la gallina, again.

Definición de Agilidad Organizacional: la habilidad de reconfigurar la estrategia, la estructura, procesos, gente y tecnologá para crear valor y asegurar el aprovechamiento de las oportunidades. (McKinsey, Survey October 2017). Aaron de Smet, de McKinsey, dice que Agility es la habilidad de una organización de renovarse a si misma, de adaptarse, cambiar rápidamente y prosperar en un contexto de cambio rápido, ambiguo y turbulento.

En la reciente investigación de McKinsey, no todas son buenas noticias: solo el 4% de los participantes dice que sus compañías se han transformado. El 37% dice que la transformación está “In Progress” . Sin embargo, el 75% de los respondentes dicen que Organizational Agility es una de las 3 prioridades organiacionales. Es … un aspiracional.

Estamos en el horno. Necesidad: Alta. Implementación en la realidad: baja.

Una organización que se transforma está conformada por gente que se transforma.

“Las personas con Agilidad para el Aprendizaje absorben información a partir de sus experiencias y la extrapolan para superar situaciones nuevas. Son flexibles, con recursos, adaptables e ideales para roles críticos.” Dice el Korn Ferry Institute (2011).

Las empresas deben enfrentarse a la realidad: tienen que alentar la transformación personal + crear espacios donde las ideas se expresen + alentar la transformación digital y general + valor antes que los competidores.

Un mundo complejo que genera muchos desafíos y oportunidades.